Chanel ha vuelto a reinar sobre París. Ajena a polémicas, dimes y diretes, la maison por excelencia volvió a dejar boquiabierto al personal. Karl Lagerfeld sigue reinventándose temporada tras temporada, esta vez con una colección oscura y de trazos masculinos.
El káiser ya daba su opinión días atrás sobre la polémica entre Galliano y Dior, ante todo debía premiar la moda y el respeto por la mítica casa. En esta última colección para Chanel, el diseñador, ha vuelto a acallar rumores de sucesión y jubilación con una magistral reinterpretación del binomio masculino- femenino.
Con una pasarela oscura, llena de cenizas y piedras, Lagerfeld presentaba una colección de aires casi apocalípticos. Inspirada en artistas alemanes como Caspar David Friedrich y Anselm Kiefer, la colección iba fluyendo al son de la versión de orquesta del tema “A forest” de The Cure.
La colección es el perfecto equilibrio entre la masculinidad y la feminidad, con superposiciones de chaquetas y abrigos así como pantalones anchos con roll-up en los bajos. El tweed sigue omnipresente pero oscuro y tétrico, más cerca de las chaquetas de combate que de los míticos trajes de Coco. El colorido, como cabe esperar en una colección de inspiración tan catastrófica, se centra en el negro y una amplia gama de grises con un par de acentos en rojo y verde.
Las siluetas son de inspiración claramente masculina pero con los hombros redondeados, algo oversize y en plan “me he puesto lo primero que he pillado”. La colección tiene un punto gótico y medieval, con capas, túnicas y algo de encaje. Son especialmente destacables los jumpsuits de encaje con pedrería, negros y complementados con botas moteras.
Es esa fusión magnífica que consigue Lagerfeld temporada tras temporada la que hace a Chanel la casa que es hoy. Reinventarse o morir debe ser el mantra que reza el diseñador cada día porque no hay desfile de Chanel que no nos sorprenda.




















