By Neo Moda Team
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Barcelona
Nueva York se ha vestido de gala para conmemorar el décimo aniversario de su Semana de la Moda, generosamente patrocinada por la marca de automóviles alemana Mercedes Benz. Con lo que les gusta a los norteamericanos todo esto de las celebraciones no es de extrañar que en esta edición se hayan esmerado más que nunca, tanto en las colecciones como en las puestas en escena.
Kenneth Cole tuvo el honor de inaugurar la primera jornada de la New York Fashion Week y para tal cometido se presentó con una colección de día muy casual, repleta de bermudas, camisetas y polos, ropa cómoda y llevable pero con un corte muy chic. Para la noche, Cole apostó por la elegancia urbana: largos vestidos de cocktail y minivestidos con transparencias para ellas y el clásico smoking oscuro para ellos. El blanco y el negro fueron los protagonistas aunque se colaron tonos grisáceos y y caquis.
Tras él, desfilaron Perry Ellis, Blue Khaki y Lloyd Klein. Pero el campanazo lo dio Giafranco Ferré al transformar el típico desfile de 20 minutos en un show que alcanzó las dos horas. El diseñador italiano, que presentaba la línea GFF Ferré, dividió a los modelos por grupos de colores (ropa roja, blanca y negra) que a su vez se subdividieron en dos looks: uno más deportivo y otro más urbano. Los modelos no se limitaron a desfilar sino que posaron como estatuas ante el público, mostrando las prendas desde todos los ángulos. La propuesta de GFF Ferré fue energética y vitalista, con profusión de camisas, pantalones estrechos, capuchas y mucha piel, una prueba más de la intención del italiano de asentarse en un segmento de mercado más juvenil.
El español Manuel Fernández brilló con la colección ?Spanish Eyes?, inspirada en la identidad española, que se explayó en el tejido de punto y la combinación del blanco y el negro. El norteamericano Mark Montano cerró la primera jornada de desfiles con ?Modern Day Saints?, un surtido de vestidos elegantes y sexys, que mezclaron tejidos lujosos y mucho colorido con una especial atención al dorado.
La segunda jornada empezó con As Tour, al que siguieron Bodygear Activewear, Rebecca Taylor, Dres y Atil Kutoglu. Pero el interés estaba en los desfiles de la tarde. El brasileño Amir Slama, alma máter de la marca Rosa Cha, mostró su colección de baño apoyado en modelos (y también amigas) tan mediáticas como Naomi Campbell. Slama presentó un surtido de bikinis minúsculos pero variados: desde estampados de dibujos animados o imitación de piel de animales hasta lamé dorado o lentejuelas mate. También mostró bañadores palabra de honor y muchos bikinis con fruncidos y tops en forma de triángulo. Slama maravilló con sus ingeniosas soluciones para unir las partes superiores e inferiores de los bikinis y convertirlos en vertiginosos trikinis.
El despliegue creativo y el impacto visual de la colección de Baby Phat casi hizo olvidar los dos desfiles precedentes a cargo de Fusha y de Zang Toi. Esta última representó una fábula de sirenas y bailarinas indefensas en un baile de verdes esmeralda, turquesas, rosas y negros en una serie de vestidos que dibujaban la silueta y dejaban profundos escotes y hombros al aire. Baby Phat aportó el toque de extravagancia de la mano de la diseñadora Kimora Lee Simmons, que apostó por las cintas de seda en azul metálico para adornar unas prendas muy ceñidas al cuerpo, con escotes pronunciados y con un uso muy hábil de la tijera. Minishorts, vestidos y bodys se complementaron con cazadoras de denim desgastado, sombreros de plumas, chaquetas sin mangas de marabú y muchos flecos. Una demostración de que con ingenio y buen gusto no hay que temer a saltarse un poco los límites de lo establecido.
Cerró la segunda jornada el esperado desfile de Jennifer Nicholson, debutante en la pasarela neoyorquina y, ya sea dicho de paso, hija del actor Jack Nicholson. A pesar de su buena reputación en Los Ángeles, donde tiene clientas famosas como Ashley Judd y Lara Flynn Boyle (ex de papá), en Nueva York no le fue tan bien como se esperaba. La crítica arremetió contra un desfile desordenado y caótico aunque reconoció que Nicholson sacaría mejor provecho de sus virtudes, que las hay, si fuera menos pretenciosa. Destacaron sus vestidos baby doll en colores pálidos y con volumen, los abrigos de encaje y las camisetas con lemas (un poco obvios, quizás). Entre la ropa de chica se colaron unos cuantos modelos masculinos que lucieron trajes negros en busca de un nostálgico look punk.
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