Looking Madrid: Amamos a Loewe

Siempre que paso por alguno de los escaparates de los espacios Loewe, recuerdo lo que sentí la primera (que también única) vez que entré a uno de ellos, y no precisamente a mirar. Fue en la tienda que la lujosa y emblemática firma posee en la no menos exclusiva calle Serrano de Madrid. Lo había visto numerosas veces cuando pasaba y llegó El Día en el que uno de sus adorados bolsos iba (y fue) mío.

Es, creo, uno de los grandes caprichos más que merecidos que me he dado.

Cada vez que llega la época de presentaciones, showrooms, open day y similar, poder ver la propuesta de Loewe in situ, se convierte en un gran placer. En esta ocasión, sus oficinas situadas en la calle Goya, casi esquina con Serrano, como no en plena milla de oro de la capital, nos abrieron las puertas del lujo en estado puro.

Después de desfilar, como cada temporada, en el marco de la Semana de la Moda de París, la colección primavera-verano 2013 aterrizaba en Madrid. La bienvenida nos la daba la línea de viaje, que quizá sólo unos pocos tengan en su haber, y con la que otros muchos soñamos.

Era un gusto pasear entre los maniquíes ataviados con las salidas de la pasarela, poder tocar las pieles, atender a los detalles, descubrir las novedades, mirarte en algún espejo con uno de los bolsos en la mano…

Soñar, en definitiva.

A un lado, se situaba toda la propuesta de hombre. Como su perfume Solo Loewe, el total look se impone la próxima primavera, luminoso, colorido y elegante. No sé si sería capaz de resisitirme a un armado con estupendo Shopping Bag ante-oro, como el mítico Amazona.

            

En mujer, no faltaba detalle. Pieles perfectas en siluetas lápiz que se funden en un todo, bolsos de mil tamaños y colores, pequeños y ricos detalles, pañuelos coordinados de múltiple función e incluso joyería, completaban la propuesta estival de la maison española.

Salir de Loewe y regresar a la realidad fue duro, lo reconozco, pero también exquisito y placentero. Estar tan cerca del lujo, del buen hacer, de la tradición y de los outfits que otros pudieron disfrutar sobre la pasarela, es cuanto menos privilegiado.

¿Quién dijo depresión? De eso nada, sigamos soñando, al menos hasta que llegue el siguiente open day. Hasta entonces, seguiré mirando mi Loewe.